Tendinopatía rotuliana o por qué la 'rodilla del saltador' puede afectar a cualquier deportista

Muchos deportes someten al tendón rotuliano a un sobreesfuerzo por cargas continuadas y sin tiempo para recuperarse. Es la causa de la tendinopatía rotuliana, que se evita entrenando progresivamente y con gestión de cargas
La tendinopatía rotuliana se conoce popularmente como 'rodilla del saltador'. Pero técnicamente no es tal, de acuerdo con la doctora Inmaculada Gómez Arrayás, jefa de Equipo de la Unidad de Traumatología y Cirugía Ortopédica del Hospital Ruber Internacional. "Se trata de una lesión que se produce porque el tendón pierde su capacidad para adaptarse a las cargas que recibe. Cuando durante semanas o meses soporta más trabajo del que puede reparar y al que se puede ir adaptando, aparece dolor en el tendón rotuliano (en la zona inferior a la rótula), el cual soporta fuerzas que pueden multiplicar varias veces nuestro peso corporal con la práctica de determinados deportes".
Como comenta la experta, el tendón es un tejido muy resistente, y se remodela para soportar los esfuerzos a los que se le somete con el deporte, por lo que necesita adaptarse continuamente a las exigencias del ejercicio. "Cuando se rompe el equilibrio entre ejercicio y recuperación, empiezan a producirse cambios en su estructura: las fibras de colágeno pierden parte de su organización, aumenta el contenido de agua y de vasos sanguíneos, además de aparecer modificaciones en el tejido que alteran su funcionamiento".
La Dra. Gómez Arrayás precisa que, más que por la práctica del deporte en sí, esta lesión se produce por acumular demasiados entrenamientos sin dejar tiempo a que el tendón se adapte a los aumentos de carga. "No suele aparecer después de un entrenamiento especialmente duro o un mal entrenamiento, sino tras varias semanas acumulando pequeñas cargas". De esta forma, no se trata de entrenar menos o de cambiar de deporte y evitar saltos, "sino de entrenar mejor y de hacer una buena gestión de la carga, ya que el tendón no distingue entre un salto, una sentadilla con mucho peso o una carrera intensa con pendiente: lo único que percibe es la carga mecánica total que recibe y el tiempo que le damos para adaptarse a ella".
La denominación de 'rodilla de saltador' se debe, según la especialista, a que esta lesión fue descrita inicialmente en deportes como el voleibol y el baloncesto, en los que los saltos y, sobre todo, los aterrizajes, someten al tendón rotuliano a fuerzas enormes. De hecho, en citas de máxima exigencia como la Supercopa Endesa Baloncesto, que se ha disputado del 18 al 20 de septiembre y donde Quirónsalud ha estado presente como proveedor médico oficial, el cuidado y la preparación de las articulaciones resultan clave para sostener eseritmo competitivo.
Sin embargo, el escenario ha cambiado. Aunque nació ligada a la élite de la canasta, la traumatóloga advierte que hoy es una dolencia que "vemos cada vez más en deportistas recreativos. El auge del pádel, las carreras populares, el entrenamiento funcional, el Crossfit, el fútbol o el balonmano han hecho que sea mucho más frecuente que hace unos años".
Síntomas: el dolor marca el diagnóstico y la evolución
El síntoma principal de la tendinopatía rotuliana es el dolor; de hecho, si este no existe, no se diagnostica la lesión como tal. "La mayoría de los pacientes no recuerdan el momento concreto en el que se lesionaron. Lo habitual es que el dolor aparezca poco a poco, tras varias semanas entrenando más de lo habitual", apunta la traumatóloga. Y tampoco hay una relación directa entre la intensidad del dolor y el grado de alteración del tendón que se observa en una ecografía o una resonancia. "De hecho, hay deportistas con resonancias muy llamativas que no tienen ninguna molestia y que a menudo se descubren por casualidad al realizar pruebas por otras causas, mientras que otros presentan mucho dolor con alteraciones del tendón relativamente discretas. Por eso, para el diagnóstico y para ver la evolución de la lesión, en lugar de la imagen de RM o ecografía, lo realmente importante es valorar el dolor que produce, lo que le permite hacer al paciente esta rodilla y en qué medida resulta limitante".
Hay una serie de síntomas característicos que no se deben pasar por alto, de acuerdo con la Dra. Gómez Arrayás. "Un dolor localizado justo debajo de la rótula que al principio aparece cuando se le exige mucho al tendón (saltos, sentadillas profundas, subir escaleras…). Algunos pacientes empiezan el entrenamiento con dolor y mejoran al calentar, pero las molestias reaparecen al terminar e incluso aumentan horas después o al día siguiente. Cuando la lesión progresa, el dolor se presenta durante las actividades cotidianas, sin necesidad de realizar deporte".
Asimismo, en fases iniciales puede haber inflamación, "pero actualmente se sabe que no es unalesión inflamatoria (tendinitis), y este cambio de enfoque ha transformado el tratamiento, que hace años consistía en reposo y antiinflamatorios. Si bien estas medidas pueden aliviar los síntomas, no solucionan el problema de fondo: el antiinflamatorio puede disminuir el dolor unos días, pero no hace que el tendón sea más fuerte. En cuanto al reposo prolongado, puede incluso perjudicar la tendinopatía, haciendo que el tendón pierda capacidad para soportar carga", explica la especialista.
Entrenamiento y recuperación "sin prisas"
El tratamiento actual se basa en ejercicio terapéutico con programas progresivos que van adaptando el tendón poco a poco a las cargas que tendrá que soportar cuando el paciente vuelva a su actividad. "Se empieza reduciendo la carga que está provocando los síntomas; después, se enfoca en recuperar la fuerza, para pasar luego a recuperar velocidad, salto, cambios de dirección y gestos específicos. Se trata de mantener cierta actividad física bajando la intensidad para que el tendón siga recibiendo un estímulo, pero sin sobrecargarlo", dice la traumatóloga.
Respecto a otras opciones como las infiltraciones con plasma rico en plaquetas (PRP) o las ondas de choque, la doctora Gómez Arrayás aconseja prudencia. "Pueden ayudar en caso de fracaso del tratamiento conservador, pero en ningún caso sustituyen al ejercicio de readaptación del tendón. En cuanto a la cirugía, queda reservada para un porcentaje muy pequeño de pacientes con dolor persistente tras varios meses de tratamiento conservador".
La prevención no depende de una rodillera, una cincha rotuliana o unas zapatillas concretas, sino que se trata, fundamentalmente, de hacer un entrenamiento planificado y sin prisas. "Cualquier aumento de carga debe ser progresivo. Además, escuchar las primeras señales (el tendón suele avisar antes de lesionarse de forma más seria) puede evitar meses de tratamiento", afirma la doctora Gómez Arrayás, quien también advierte sobre la importancia de la fuerza. "Un buen trabajo de fortalecimiento de cuádriceps, la musculatura glútea, core y el resto de la extremidad inferior ayuda al tendón a soportar mejor las demandas de cualquier deporte. E igual de importante es respetar los tiempos, dormir bien y no encadenar semanas de entrenamiento intenso sin descanso suficiente".
Sobre el tiempo de recuperación y cuándo puede el paciente volver a hacer deporte, la Dra. Inmaculada Gómez Arrayás incide en quecada tendón tiene su propio ritmo dependiendo de la edad, el tiempo que lleva con dolor, el deporte que practica y, sobre todo, de cómo responde al tratamiento.
"En la mayoría de los casos hablamos de varios meses (entre 3-6 o más), y no de semanas. Está demostrado que entre un 20 y un 25% de los pacientes pueden mantener síntomas a largo plazo, lo que confirma que se trata de una lesión que requiere paciencia. Tener prisa suele ser el peor enemigo de la recuperación. De hecho, la mayoría de las recaídas no ocurren porque el tratamiento haya fracasado, sino porque el paciente vuelve a hacer exactamente lo mismo que provocó la lesión antes de que el tendón haya recuperado toda su capacidad", advierte la traumatóloga.
