Por qué sufrimos más en la época más cómoda de la historia, explicado por un psiquiatra

02.06.2026

La falta de aceptación y las expectativas poco realistas sobre el mundo son la causa principal del aumento del sufrimiento en las sociedades del mundo actual

Uno de los fenómenos más llamativos en las sociedades actuales es el aumento del sufrimiento. Es una gran paradoja, porque nunca hubo tanto desarrollo tecnológico y tanta comodidad para las personas a lo largo de la historia. Y, pese a ello, somos menos felices que generaciones anteriores y tenemos menos resiliencia, menos capacidad de adaptarnos y sobrevivir de forma saludable a adversidades de la vida. ¿Por qué ocurre esto?

Los expertos consideran que la clave es la falta de aceptación, las expectativas poco realistas sobre el mundo. Nuestros antepasados vivían en un mundo hostil, que no controlaban, con escaso desarrollo tecnológico. Aceptaban que el sufrimiento era omnipresente en el mundo y sus expectativas eran limitadas: con no sufrir, se encontraban satisfechos. Además, cuando el sufrimiento les llegaba, como nos ocurre a todos de forma inevitable, sus profundas creencias religiosas estructuraban un sentido al sufrimiento que les servía para atravesarlo con más fortaleza.

El ser humano actual funciona de diferente forma. El impresionante desarrollo tecnológico de las últimas décadas ha disparado la sensación de control del ser humano, la idea de que puede manipular cualquier situación a su antojo. Incluso hay personas que afirman que, en pocas décadas, habremos vencido a la muerte. Sobre este caldo de cultivo, los sufrimientos inevitables que tenemos que experimentar los seres humanos no se aceptan. Así, una catástrofe natural o una enfermedad terminal, se consideran fallos de previsión y se tiende a buscar culpables en los técnicos, que no han sabido identificar la catástrofe. o en los médicos que no han podido prever o curar la enfermedad. Por otra parte, como las creencias espirituales están en franco retroceso, porque la ciencia ha devenido el nuevo "becerro de oro", tampoco existe ya consuelo cuando golpea la adversidad. Y nos sentimos solos y desamparados en un mundo hostil.

Una de las fortalezas que se ha perdido y que se considera nuclear en la psicología actual es la aceptación. Tiene muy mala fama en las sociedades desarrolladas porque se le asocia a resignación, a inacción o a conformismo. Pero no es nada de eso, es la sabiduría de los antiguos aplicada a nuestro mundo actual.

Los seres humanos vamos a tener que experimentar muchos sufrimientos de forma inevitable. Algunos están ligados al proceso de impermanencia como la vejez, la enfermedad o la muerte nuestra y de nuestros seres queridos. Y otros, tienen su base en nuestra incapacidad de controlar el mundo, y aquí se incluyen todas las catástrofes naturales. La aceptación sólo se aplica en situaciones que no podemos cambiar, que están fuera de nuestra capacidad de actuación, de las que no podemos escapar.

La aceptación es lo contrario a las expectativas rígidas, a nuestra necesidad de control del mundo. Ligada a prácticas como la meditación, la aceptación nos enseña que este mundo nunca lo podremos controlar, y que es inútil planificar todas las posibilidades existentes para prevenirlas (lo que llamamos habitualmente preocupación o rumiación), porque nunca podremos analizar todas las posibilidades existentes y nunca hay certeza de que aquello que planteamos como solución podamos realmente ejecutarlo. Los seres humanos solo podemos controlar nuestras acciones, pero NUNCA el resultado de nuestras acciones, ya que dependen de múltiples circunstancias, no sólo de lo que nosotros hacemos.

Por tanto, la aceptación nos enseña a fluir, a disfrutar del camino y no del resultado, a apreciar esta hermosa y salvaje vida ocurra lo que ocurra, y a sentir afecto infinito por todos los seres vivos con los que compartimos este planeta, esta increíble oportunidad de ser felices y amar, que es la vida.

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