Por qué la rotura de menisco es la lesión más temida por los deportistas

Hacer ejercicio o un simple gesto cotidiano pueden producir una rotura de menisco, una lesión que, si no se resuelve bien, tiene potenciales consecuencias a largo plazo para la práctica deportiva. Muchos casos se solucionan con tratamiento conservador
Puede que sea el cartílago -concretamente, el fibrocartílago- más 'popular' del cuerpo, sobre todo al hablar de roturas. Nos referimos al menisco, que como destaca el doctor Christian Yela, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Universitari General de Catalunya -centro responsable de los servicios médicos del CE Sabadell FC-, es una estructura clave para que la rodilla funcione bien hoy y envejezca mejor mañana.
"Tenemos dos en cada rodilla, y ambos actúan como amortiguadores naturales: reparten las cargas, ayudan a estabilizar la articulación y protegen el cartílago. Dicho de forma sencilla, el menisco permite que la rodilla trabaje mejor y sufra menos. Por eso, cuando se rompe, no sólo produce dolor, sino que la rodilla pierde parte de su equilibrio mecánico".
Según el especialista, las roturas de menisco pueden producirse en distintos escenarios, pero siempre hay detrás dos causas fundamentales. "La primera es la traumática, muy típica en personas activas o deportistas. Está producida por un giro brusco, un cambio de dirección, una torsión con el pie apoyado… La segunda causa es la degenerativa, más frecuente con el paso de los años: el tejido pierde calidad y puede romperse incluso con gestos cotidianos, como agacharse o girarse. Es, por tanto, una lesión que no necesariamente nos habla de un gran traumatismo, sino también del desgaste silencioso de la rodilla", explica el especialista.
El miedo a la 'pérdida de confianza'
Pese a no ser exclusiva de este grupo de población, la rotura de menisco es especialmente temida por los deportistas; el doctor Yela analiza por qué. "Afecta a algo tan esencial como es la confianza en la rodilla. El deportista teme no solo el dolor que produce, sino también la pérdida de estabilidad, la limitación para girar, frenar o cambiar de ritmo y, sobre todo, la incertidumbre respecto a cuándo podrá volver a rendir con normalidad".
"Además, añade, el menisco tiene una importancia estratégica: si se daña y no puede preservarse, la rodilla pierde una gran parte de su sistema natural de protección. Por eso, para un deportista, una lesión meniscal no es solo una lesión más".
Dentro de la práctica deportiva, hay actividades que entrañan más riesgo de que se produzca una rotura de menisco. "Es el caso de aquellas que combinan giro, frenada, cambio de dirección e impacto: fútbol, baloncesto, pádel, esquí o deportes de contacto. En todas ellas el menisco sufre especialmente. En cuanto al running lineal, suele ser una causa menos típica de una rotura traumática aguda, aunque puede hacer visibles molestias si la lesión ya existe, mientras que en las actividades de montaña influyen muchos factores como el terreno irregular, los apoyos inestables y las bajadas", dice el experto, quien puntualiza que no es tanto el deporte en sí lo que favorece la lesión como el tipo de exigencia que éste impone a la rodilla.
"Una rotura de menisco no siempre impide caminar, pero hace que la rodilla deje de comportarse de forma normal"
En cuanto a los perfiles (en base a la edad, género, condiciones físicas preexistentes, actividad…) más proclives a padecer este tipo de lesión, Christian Yela indica que hay que diferenciar a dos tipos de pacientes: el joven y deportista, que tiene más riesgo de una rotura traumática; y el paciente con más edad, que presenta con más frecuencia roturas degenerativas, muchas veces asociadas a cambios de desgaste en la rodilla.
"También influye el ejercer profesiones o actividades que impliquen carga física, o que exijan adoptar la posición de cuclillas de forma repetida o giros frecuentes. Y, desde luego, el hecho de sufrir artrosis crea un contexto importante para que se produzca esta lesión", advierte el especialista.
El dolor suele ser el síntoma más indicativo -y que más preocupa- a los que sufren una rotura de menisco, pero, como señala el doctor Yela, no es el único: también son muy habituales la inflamación, la rigidez, la sensación de chasquido, el bloqueo, la dificultad para mover la rodilla por completo y esa impresión de que la rodilla falla. "Hay que aclarar que una rotura de menisco no siempre impide caminar, pero muchas veces hace que la rodilla deje de comportarse como una rodilla normal".
Respecto al diagnóstico, el traumatólogo apunta que, cuando se trata de la rodilla, el contexto clínico es tan importante como la imagen que refleja una resonancia, e insta a la prudencia que debe guiar el abordaje de esta lesión. "Un buen diagnóstico no depende solo de una prueba de imagen, sino también de una exploración rigurosa y de entender bien qué le ocurre a esa persona concreta", apunta el especialista, que incide en el hecho de que "hay roturas meniscales en resonancias de personas con poca o ninguna sintomatología, sobre todo con la edad".
¿Al quirófano? No necesariamente
En cuanto al abordaje, conviene tener en cuenta que no todas las roturas de menisco son iguales, y la conducta depende de variables como el tipo de rotura, la localización, el tamaño, si hay bloqueo mecánico real, la edad biológica del paciente, el estado del cartílago y el nivel de actividad.
Para Yela, es importante transmitir el mensaje de que, en patología meniscal, no siempre es mejor el tratamiento más invasivo, por lo que una buena indicación resulta esencial para un buen resultado. "Existe un tratamiento conservador que funciona en muchos casos. Incluye reposo relativo al inicio, aplicación de hielo, control de la inflamación, analgesia cuando está indicada, adaptación temporal de la actividad y, sobre todo, fisioterapia bien pautada, que es fundamental para recuperar la movilidad, la fuerza y el control de la rodilla. En determinadas roturas, especialmente las degenerativas sin bloqueo claro, un buen tratamiento conservador suele evitar el quirófano".
El especialista añade que "no se trata de operar una imagen de resonancia, sino de tratar a un paciente en concreto. Como hemos dicho, hay lesiones que mejoran favorablemente con un tratamiento conservador. En cambio, cuando sí se trata de una rotura reparable, un fragmento desplazado, un bloqueo verdadero o una limitación persistente, la cirugía puede ser la mejor solución".
Esta intervención se realiza mediante artroscopia, una técnica mínimamente invasiva que, según describe Yela, permite "entrar en la rodilla" con una cámara y trabajar a través de pequeñas incisiones. "A partir de ahí, lo ideal, siempre que sea posible, es reparar el menisco para conservarlo. Si no se puede salvar, se reseca solo la parte dañada e inestable".
De acuerdo con el experto, este enfoque de intentar preservar el menisco, siempre que la lesión y el paciente lo permitan, constituye uno de los grandes cambios de tendencia en el ámbito de la cirugía de rodilla. "Hay que intentar preservarlo: un buen tratamiento no es el más agresivo ni el más moderno sobre el papel, sino el que mejor encaja con esa lesión y ese paciente".
La recuperación (con y sin cirugía)
La evolución y recuperación tras el tratamiento -conservador o quirúrgico- dependen mucho del tipo de lesión y del tratamiento: "Sin cirugía, puede haber una evolución muy buena si desaparecen el dolor y la inflamación y la rodilla recupera su función con rehabilitación y ejercicio. Si se realiza una cirugía, la recuperación no es la misma después de una meniscectomía parcial que de una sutura meniscal. En la primera, la recuperación suele ser más rápida; en la segunda, hay que proteger la reparación, y el proceso es más lento. En cualquier caso, el objetivo es el mismo: una buena recuperación para volver a confiar en la rodilla", comenta el traumatólogo.
En relación a los plazos para reiniciar la práctica deportiva, Christian Yela reconoce que es muy difícil hablar de un tiempo estándar para todos los casos. "Volver a la vida cotidiana puede ser relativamente rápido en algunos casos, especialmente después de un tratamiento conservador o tras una meniscectomía parcial. Pero retomar la rutina deportiva con seguridad exige más condiciones: buena movilidad, fuerza, control y confianza en la rodilla".
"Asimismo, en una sutura meniscal, los plazos suelen ser más largos porque hay que respetar la cicatrización: una cosa es caminar sin dolor y otra muy distinta volver a competir, saltar o girar al máximo nivel. Acelerar los plazos no suele tener buenos resultados, mientras que individualizarlos es la clave de una recuperación exitosa", concluye el experto.
