La 'dieta' del plástico y grabarse comiendo grandes cantidades: los retos virales que ponen en peligro la salud

El movimiento, conocido como 'plastic eating', es el nuevo desafío que promete "adelgazar" evitando la ingesta de calorías y "engañando" así al cerebro
En las redes sociales circulan todo tipo de retos, algunos efímeros y otros no tanto, que ponen en riesgo la salud. La 'dieta' de comer plástico es el nuevo desafío que promete "adelgazar" evitando la ingesta de calorías y "engañando" así al cerebro.
El movimiento, conocido como plastic eating, esconde peligros que Nicolás Olea, coordinador del Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (GEMASEEN), explica a este periódico.
"Desde una perspectiva endocrinológica y nutricional creemos que no es una práctica metabólicamente inofensiva. Por una parte, porque puede reflejar un trastorno alimentario subyacente y, por otra, porque en sí misma, puede alterar la regulación fisiológica del hambre", indica.
Además, el experto expone otro problema: implica exposición innecesaria a posibles contaminantes químicos del plástico y a los fragmentos de material que se puedan ingerir: "Aunque el alimento no se ingiera, masticar film plástico puede implicar la liberación de microfragmentos por fricción mecánica, la migración de aditivos (ftalatos, bisfenoles, plastificantes) y la ingesta inadvertida de micro y nanoplásticos. Hoy sabemos que los microplásticos se han detectado en sangre, placenta, pulmón e incluso tejido cerebral".
De hecho, anota que a nivel endocrinológico le "preocupa especialmente" que muchos de los compuestos componentes del plástico actúan como disruptores endocrinos. "Esta exposición crónica e innecesaria, y más aún mediante masticación directa del plástico, no es recomendable desde ningún punto de vista médico", asegura.
Acerca de qué ocurre a nivel metabólico cuando masticamos y activamos la fase digestiva sin que haya ingesta real, Olea insiste en que cuando vemos, olemos o masticamos comida se activa el sistema nervioso parasimpático: "Aumenta la salivación, se liberan ácidos gástricos, se estimula la secreción pancreática y puede producirse una liberación anticipatoria de insulina". "En situaciones normales el organismo se prepara para unos nutrientes que de impedir su llegada al estómago pueden contribuir a una relación fisiológicamente desorganizada con el hambre", añade.
El doctor comenta también que este tipo de prácticas pueden alterar las señales hormonales del hambre y la saciedad. "El sistema de regulación del apetito depende de un equilibrio entre la grelina (hormona del hambre), leptina (señal de reserva energética) e insulina además de otros mensajeros (péptido YY, GLP-1) y las señales vagales", manifiesta.
Igualmente, insiste en que cuando se practica de forma repetida el acto de masticar la comida sin ingerirla se puede producir una "discordancia": "Esto podría aumentar la ansiedad alimentaria, alterar la sensibilidad a señales internas de hambre y saciedad y favorecer una relación más compulsiva con la comida. En personas con vulnerabilidad psicológica o metabólica, esto puede cronificar una alteración en la regulación del apetito", finaliza.
'Mukbangs' y otras prácticas
Otra de las prácticas ya habituales en redes sociales son los mukbangs. Se trata de vídeos en los que una persona ingiere grandes cantidades de comida mientras interactúa con la audiencia. Aunque se originó hace unos 15 años en Corea del Sur, se trata de un fenómeno global en plataformas como YouTube, a menudo enfocado en comida rápida o sonidos ASMR.
Este estudio, publicado por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), sugiere una posible relación entre medios sociales sobre comida y efectos negativos en la imagen del cuerpo y en síntomas de alimentación desordenada. También concluye que "se necesita" más investigación experimental para aclarar cómo distintos formatos de contenido influyen en estas variables y si existe causalidad.
