Ganar medio kilo en seis semanas por dormir menos? La consecuencia de la falta de sueño en estos adultos

08.07.2026

Los hallazgos de un análisis muestran que reducir en unos 80 minutos el tiempo de descanso se traduce en un aumento del peso corporal y de la circunferencia de la cintura en personas con riesgo cardiometabólico

Dormir poco o mal tiene múltiples consecuencias para nuestra salud. Un grupo de investigadores de la Universidad de Columbia ha publicado en la noche de este lunes un estudio en el que muestran las secuelas de un menor descanso para un grupo concreto de pacientes: los que tienen riesgo cardiometabólico alto, que es un grupo de trastornos metabólicos que pueden conducir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2. Los resultados muestran que la privación del sueño durante un mes y medio provocó un aumento de peso y de la circunferencia de la cintura.

Este análisis, publicado esta semana en Annals of Internal Medicine, consta de dos ensayos clínicos en los que participaron 95 personas con riesgo cardiometabólico elevado de 20 años o más, a través de los cuales los investigadores querían conocer el efecto de seis semanas de restricción del sueño sobre el equilibrio energético y la regulación del peso corporal.

Los participantes completaron dos fases, de una duración de seis semanas cada una de ellas: una con restricción leve del sueño, en la que las personas retrasaban la hora de acostarse cerca de 80 minutos por la noche; y otra con su hábito de descanso habitual, que tenía una duración mínima de siete horas. Los científicos midieron los cambios en el peso, la circunferencia de la cintura, la composición corporal, los niveles de actividad y los biomarcadores del balance energético.

Durante el periodo de restricción del sueño, los participantes aumentaron su peso en 0,45 kilos. "Esto aporta evidencia causal sobre el papel del sueño levemente insuficiente en el riesgo de aumento de peso. Dada la relación positiva entre el estado ponderal y la incidencia de enfermedad cardiovascular, estos hallazgos destacan una posible vía por la cual el sueño corto crónico podría acelerar el desarrollo de enfermedad cardiovascular entre quienes ya presentan factores de riesgo", detalla la investigación.

Más cintura y volumen corporal

Pese a que la restricción leve haya llevado al aumento del volumen corporal total determinado por resonancia magnética en 0,56 litros, "no afectó de forma desproporcionada a la distribución del tejido adiposo frente al tejido magro; es decir, no hubo una deposición preferente de tejido adiposo debida a la restricción del sueño".

Además, la restricción del sueño elevó la circunferencia de la cintura. En concordancia con estos resultados, los niveles de leptina —una hormona sintetizada en el tejido adiposo que informa al hipotálamo sobre los depósitos grasos, regulando el balance energético— fueron también más altos.

Por otro lado, el tiempo sedentario también aumentó 17,2 minutos al día, pero no hubo efecto de la restricción del sueño sobre el tiempo dedicado a actividad física de moderada a vigorosa. "Que no afectara a esta actividad física no sorprende, dado que los participantes eran generalmente sedentarios al inicio del estudio", añade el análisis.

Aunque en esta investigación los participantes cuenten con riesgo cardiometabólico, los científicos creen que los resultados se pueden extrapolar. "Creo que los resultados pueden aplicarse a diversos grupos demográficos. Nuestra muestra incluía a adultos de entre 20 y 75 años, de diversos grupos raciales y étnicos", afirma a El Confidencial Marie-Pierre St-Onge, profesora de Medicina Nutricional en el Instituto de Nutrición Humana de la Universidad de Columbia y autora del paper.

Y ahora quieren ir más allá. Según St-Onge, los próximos pasos consistirían en evaluar otros tipos de patrones de sueño sobre la salud, entre los que se encuentran el sueño variable e irregular, el impacto de las siestas o de recuperar el sueño tras periodos de sueño insuficiente. "También debemos determinar si mejorar activamente la calidad o la duración del sueño aporta beneficios para la salud en adultos con sueño corto crónico", detalla.

Los hallazgos se toman con cautela

Los hallazgos de este estudio son tomados con cautela. Josefa García Barrado, profesora de Farmacología e investigadora del grupo Neuroendocrinología y Obesidad de la Universidad de Salamanca, comenta en declaraciones a SMC que, aunque hay limitaciones que ya se describen en el artículo, la más importante es que los resultados "no son concluyentes" y que no han encontrado "más que tendencias al aumento de peso cuando hay restricción de sueño de una hora y media, pero no hay ninguna evidencia clara".

Para el investigador de la Universidad de las Américas (Ecuador) Esteban Ortiz, las limitaciones más relevantes se resumen en tres. En primer lugar, habla de la duración corta de la intervención, que probablemente es insuficiente para ver cambios claros en distribución de grasa versus masa magra; después insiste en que está formado por un tamaño muestral reducido para analizar por sexo, entre otras cosas; y, finalmente, la población estudiada ya tenía un riesgo cardiometabólico elevado.

"Por eso, los resultados no se pueden extrapolar directamente a personas sanas sin ese riesgo basal; es plausible que el efecto sea similar o algo menor en adultos sin vulnerabilidad metabólica, pero no lo sabemos con certeza", ahonda a SMC.

De esta manera, en términos prácticos, el hallazgo "apoya incluir el sueño como factor modificable en estrategias de prevención de obesidad y enfermedad cardiometabólica, aunque el efecto observado es modesto y necesita evidencia de más largo plazo". Toda esta cuestión le "preocupa mucho" porque la población cada vez duerme menos con los horarios laborales extensos y con sedentarismo. Todo esto "favorece" la ganancia de peso, así como complica el control de la obesidad y las enfermedades crónicas.

El responsable de la Unidad Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), Cristóbal Morales, hace hincapié en que, aunque en seis semanas los pacientes aumentaron de peso en casi medio kilo, si se extrapola, se traduce en unos cuatro kilos al año.

"Hoy sabemos que la salud metabólica está muy relacionada con la salud del sueño. La salud metabólica no solo es conductual en relación con lo que comes o lo que te mueves, sino que también el estrés y el sueño tienen efectos. También nos preocupa mucho porque sabemos cómo las pantallas están ocupando nuestro tiempo y nos hacen dormir menos. Sabemos que retrasar la hora de dormir, como se vio en el estudio, hace que el cuerpo se vuelva más sedentario y también hay una alteración metabólica por aumento de la leptina, lo que nos puede llevar a aumentar de peso. El sueño ya no es una opción de bienestar pasiva, sino que es una intervención biológica activa y es importante que, en nuestras consultas de enfermedades metabólicas, de sobrepeso, de obesidad y diabetes, sea un pilar clave en ese bienestar", resume.

En la misma línea opina St-Onge, quien afirma que es "importante" tener en cuenta el sueño como un factor a considerar a la hora de evaluar la salud, ya que contribuye a resultados adversos para esta. "Anteriormente demostramos su influencia en la presión arterial, el estrés oxidativo, la función inmunitaria y la resistencia a la insulina; ahora, añadimos su impacto en el estado de peso", finaliza.

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