El virus del herpes labial es como el fugitivo": por qué nunca se cura y dónde se "esconde" en el cuerpo

04.08.2026

La aparición de un herpes labial es, ante todo, recurrente. Ahora bien, si sabemos anticiparnos a los síntomas, tal vez podamos evitar su reactivación

Para la doctora Airam Jenny Dávalos Marín, coordinadora del grupo de dermatología-SEMG y adjunta de Urgencias en el Hospital Universitario de Segovia, la historia del virus del herpes labial es una historia fascinante. Así describe la doctora su peculiar comportamiento: "El virus del herpes labial es como el fugitivo que huye a un búnker o como un prófugo de la justicia muy inteligente. Cuando te contagias por primera vez, suele ser de niño: el virus llega al labio por el beso de un familiar y monta un escándalo, salen las ampollas, pica y duele". El sistema inmune, que es la policía del cuerpo, llega con todo y limpia el labio (la zona afectada por el virus). El labio se cura y tú piensas: "Listo, ya hemos ganado al virus, nos hemos curado. Pero aquí está el truco: el virus no fue aniquilado, 'no murió', solo se dio a la fuga".

Una huida, que la experta describe de forma muy didáctica con estas palabras: "Los nervios de la cara son como túneles o cables eléctricos que van desde el labio hasta una centralita escondida profundamente en el cráneo. Cuando el virus ve que 'la policía', es decir, el sistema inmune, va hacia él, se mete en ese túnel, el cual lo lleva directamente al ganglio del nervio trigémino, un grupo de neuronas que está en la base del cráneo. Una vez que el virus entra en el núcleo de la neurona, hace su búnker, su escondite, donde no será detectado por nuestro sistema inmune. Es capaz de activar un modo fantasma mediante estos tres pasos moleculares:

  • Se vuelve un anillo. En la piel, el ADN del virus estaba estirado y listo para afectar y formar ampollas, vesículas, etc. Sin embargo, cuando entra en el ganglio del trigémino, se enrolla en sí mismo formando un anillo que se queda flotando por ahí hasta que se vuelve a activar.
  • El apagón genético. El virus apaga el 99 % de sus genes. No fabrica proteínas, no se multiplica y no daña las neuronas ganglionares del trigémino. Con esta estrategia se vuelve invisible.
  • El freno de mano. Lo único que el virus deja encendido es un pequeño interruptor genético que impide que el virus se active por error.

¿Qué es lo que "despierta" al virus?

La frecuencia con que reaparece el virus puede variar mucho en cada caso. Así, "lo más común en personas sanas es tener entre 1,3 brotes al año, aunque también hay personas que portan el virus, pero jamás vuelven a experimentar un brote en toda su vida tras la primera infección", asegura Dávalos, quien señala que "si una persona experimenta seis o más brotes al año, consideramos que se trata de un caso severo de herpes recidivante". En estos casos, se suele recetar una terapia supresora crónica".

La reactivación del herpes se produce debido a diferentes factores:

  • Aumento de la hormona del estrés, el cortisol. En situaciones como tener exámenes, problemas laborales o ansiedad, el cuerpo libera cortisol. Esta hormona suprime directamente la eficacia de las defensas, abriéndole la puerta al virus.
  • Radiación ultravioleta (sol). Los rayos UV del sol dañan las células de la piel del labio y alteran temporalmente la inmunidad local de esa zona. El virus lo detecta como una oportunidad para atacar la superficie desprotegida.
  • Fiebre. Cuando pasamos por una gripe o un resfriado, el sistema inmune despliega todo su ejército para combatir esta enfermedad en los pulmones o en la garganta. Así que el ganglio se queda sin vigilancia, y el herpes aprovecha la distracción.
  • Trauma local y fricción. Un golpe en el labio, morderse con fuerza o el frío extremo pueden agrietar la piel, o incluso un procedimiento dental puede alterar las terminaciones nerviosas y disparar la señal de reactivación.

Anticiparse al brote y actuar a tiempo

Para su tratamiento, conviene consultar al médico de atención primaria. La idea es "frenarlo a tiempo, no empeorar la herida y evitar contagiar a otros", señala Dávalos, y para ello, "es importante actuar en la fase fantasma. Además, hay que tener en cuenta que el virus avisa antes de salir, así que debemos aprender a escuchar el labio. Esa sensación de hormigueo, picor, calor, latido en un punto exacto del labio, antes de que aparezca la ampolla. Ese es el momento de usar los antivirales en crema. Estos pueden reducir el tiempo del brote o incluso evitar que llegue a salir la ampolla. Una vez que ha salido, los medicamentos sirven muy poco", asegura.

Por otro lado, "si es la primera vez que sale, o si el brote es muy agresivo, es decir, si presenta múltiples ampollas, fiebre y un dolor insoportable, es mejor consultar al médico de familia. En ocasiones, se puede pautar un tratamiento con antivirales por vía oral que es mucho más eficaz que el tópico en determinados casos".

Lo que no se debería hacer, y que, sin embargo, se hace

Frente a los consejos para reaccionar rápida y eficazmente, la experta destaca tres errores que, en general, comete la mayoría de la gente con un herpes labial:

  • Explotarse las ampollas. Está prohibido. El líquido transparente que hay dentro de las vesículas está lleno de millones de virus activos. Si las explotas, el virus afectará a otras zonas y se puede extender hacia la cara, nariz, oído, etc.
  • Recurrir a remedios caseros. Nada de pasta de dientes para secarlos, alcohol o vinagre de manzana o limón. Esto solo irrita la piel y empeora la lesión.
  • Tocarse los ojos. Si se toca un labio con herpes, es vital no tocar el ojo, ya que puede infectarlo. Puede afectar a la córnea, y esa es una urgencia grave.

Las cremas no son lo más eficaz

Otro de los errores, o falsas creencias, más habituales tiene que ver con el tratamiento. En ese sentido, la doctora hace especial hincapié en que "la mayoría de las personas que presentan un herpes labial van a la farmacia y compran una pomada, crema, etc. Sin embargo, las cremas no son el tratamiento más eficaz", ya que "se quedan en la superficie, y les cuesta mucho penetrar hasta la capa más profunda. Su función se limita a reducir los síntomas, como el picor. Por otro lado, las pastillas entran directamente en la sangre y dan un golpe directo", añade Dávalos.

Por otro lado, "es importante destacar que fármacos como el aciclovir no sirven para curarlo del todo, ya que esos medicamentos necesitan que el virus esté despierto, activo, para poder atacarlo y destruirlo", advierte.

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