El daño invisible del alcohol: así afecta al intestino desde la primera borrachera

24.03.2026

El deterioro de la barrera intestinal no solo facilita la entrada de toxinas, sino que también activa el sistema inmunitario de forma crónica

El alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida, según la Encuesta sobre alcohol y drogas en España (EDADES 2024), realizada a personas con edades comprendidas entre 15 y 64 años. Su consumo se considera el 4º factor de riesgo de pérdida de salud, siendo el 2º en mujeres y el 5º en hombres. La morbilidad asociada al consumo de alcohol incluye patología psiquiátrica, neurológica, infecciosa (tuberculosis), cáncer de diversos tipos, enfermedades cardiovasculares (ictus hemorrágico, insuficiencia cardiaca, arritmias, miocardiopatía…) y, también, digestiva, según recoge el documento "Límites de consumo de bajo riesgo de alcohol. Parte 2. Revisión de la evidencia científica".

Recientemente, una nueva investigación, llevada a cabo con un modelo experimental animal, ha evaluado los efectos iniciales del consumo excesivo de alcohol en la inflamación gastrointestinal. El estudio sostiene que una sola borrachera puede debilitar el revestimiento intestinal, haciéndolo menos competente para realizar una de sus funciones principales: evitar que las bacterias y las toxinas ingresen al torrente sanguíneo. Un fenómeno conocido como "intestino permeable".

Los científicos examinaron cómo breves episodios de consumo abusivo de alcohol afectaban a diferentes partes del intestino causándole daño, al activar células normalmente reservadas para combatir los gérmenes invasores en el revestimiento intestinal. "La alteración de la permeabilidad intestinal favorece el paso de bacterias y sus toxinas al hígado y a la circulación general, aumentando la producción de moléculas proinflamatorias y el reclutamiento de células inflamatorias. Todo ello favorece la aparición de enfermedades del intestino e hígado como inflamación y/o cáncer, entre otros", explica el doctor Ángel Ponferrada Díaz, jefe de Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Infanta Leonor.

El documento señala que la ingesta de alcohol afectaría especialmente a los tramos más proximales del intestino, que es donde más concentrado llega, "mediante un reclutamiento de glóbulos blancos (neutrófilos) y su activación, la producción de secuestradores extracelulares de neutrófilos (clave en la defensa frente a patógenos por nuestro sistema inmune innato) y un incremento de endotoxinas bacterianas en sangre", apunta el doctor Ponferrada Díaz. Sin embargo, añade, "este daño agudo no parece estar mediado por la formación de radicales libres derivados del metabolismo del alcohol ni a través de producción de citoquinas proinflamatorias (que parece ser más importante en el daño crónico por consumo excesivo reiterado)".

El deterioro de la barrera intestinal no solo facilita la entrada de toxinas, sino que también activa el sistema inmunitario de forma crónica, "contribuyendo a la inflamación sistémica. Con el tiempo, estos mecanismos pueden desencadenar o agravar enfermedades autoinmunes, hepáticas y metabólicas", declara el doctor Pedro Mora Sanz, jefe de gastroenterología del Centro Médico-quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED). Si el daño no es crónico, "se puede recuperar la permeabilidad perdida, ya que el intestino tiene alta capacidad regenerativa. Las células se renuevan cada 3-5 días, por lo que al suspender el alcohol se reduce la inflamación, se restauran las uniones celulares y mejora la microbiota", sostiene el doctor Mora Sanz. La recuperación depende de la cantidad, frecuencia y duración del consumo, aunque en casos severos y prolongados puede ser parcial y más lenta. "El proceso puede observarse en semanas o meses, y se ve favorecido por una dieta equilibrada rica en fibra y probióticos. La abstinencia prolongada es el factor más determinante para restaurar la función barrera del intestino", agrega.

El estudio recoge que ese consumo excesivo de alcohol produce una atrofia de las vellosidades existentes en el intestino delgado, favoreciendo una mala absorción de nutrientes (vitaminas B, hierro) y provocando anemia, fatiga, pérdida de peso y déficits nutricionales. "Al aumentar el paso de toxinas a la sangre, genera inflamación sistémica, sobrecarga hepática, mayor riesgo de infecciones y malestar general. También produce síntomas digestivos como diarrea, hinchazón y dolor abdominal", enumera el doctor Mora Sanz. Esta inflamación mantenida puede contribuir al desarrollo de enfermedades autoinmunes y metabólicas a largo plazo. "El sistema inmunológico, al estar constantemente activado por estas toxinas, puede volverse menos eficaz frente a otras amenazas", declara.

Aunque la investigación se ha centrado en el efecto que tiene el consumo de alcohol con el debilitamiento del sistema inmunitario intestinal y en la permeabilización del intestino. Esta manifestación última no es únicamente propia de personas que consumen este tipo de sustancias, aunque, sí es habitual que aquellos que son bebedores asiduos desarrollen este tipo de síntoma digestivo. "Es común que las personas bebedoras tengan alteraciones del ritmo intestinal, con una sintomatología muy variada", manifiesta el doctor Yago González, jefe de gastroenterología del Hospital 12 de Octubre. Sin embargo, dice este especialista, "esta señal también forma parte del conjunto de manifestaciones que presentan algunas personas que sufren intestino irritable, en los que permeabilidad intestinal está comprometida".

"Desde hace tiempo existe una línea de trabajo para recuperar la impermeabilidad intestinal con el objetivo de mejorar la vida de aquellos que sufren intestino irritable", comenta el doctor González. No obstante, en opinión de este doctor, "aunque se ha hablado de la existencia de algunos probióticos que pueden mejorarla, realmente la investigación es complicada de hacer en humanos. Actualmente, no hay certezas de alternativas terapéuticas que puedan aliviar esta dolencia", dice este especialista.

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