Codo de tenista: la lesión del brazo que va más allá del deporte

Esta dolencia se puede confundir con un compromiso del nervio radial, una inestabilidad ligamentosa del codo o un proceso degenerativo articular
Sujeta la plancha de placa de yeso sobre su cabeza con la mano izquierda, mientras con la otra agarra fuertemente el destornillador eléctrico para ajustar el extremo de la plancha a la estructura metálica y conseguir su total adherencia. Son las 6.30 horas de la mañana, y tiene por delante un trabajo arduo hasta finalizar la techumbre en su jornada laboral. Una actividad que le ocasiona algunas dolencias, entre ellas, un dolor continuo en uno de sus codos que en ocasiones le incapacita para desarrollar su trabajo y el médico ha diagnosticado como codo de tenista.
"Se trata de un cuadro de dolor localizado a nivel de la cara lateral del codo, ocasionado por un deterioro de la inserción del tendón extensor corto del carpo a nivel del epicóndilo (de ahí que también se denomine epicondilitis)", explica el doctor José Antonio Oteo Maldonado, traumatólogo del Hospital Universitario de Fuenlabrada. La aparición de este dolor se asocia con actividades repetitivas del antebrazo, "en especial aquellas que consisten en la pronosupinación de este mientras se mantiene extendida la muñeca, lo que se hace mientras se juega al tenis, pero también cuando, por ejemplo, se atornilla o se utiliza alisador de pelo", dice.
Se puede confundir con un compromiso del nervio radial, una inestabilidad ligamentosa del codo o un proceso degenerativo articular. Su diagnóstico se basa en la clínica y la exploración del paciente: son muy característicos el dolor a punta de dedo y las maniobras que asocian dolor a la extensión contra resistencia de la muñeca. "La radiografía simple suele ser normal, aunque pueden apreciarse ocasionalmente calcificaciones en la zona. Si hay dudas, la ecografía puede detectar el daño en el tendón referido", sostiene el doctor Oteo.
Esta dolencia suelen padecerla quienes practican tenis, pero no es el único colectivo que la sufre: "aparece también en deportistas que practican golf, pádel o voleibol, y es especialmente frecuente en muchos profesionales que realizan actividades repetitivas asociadas a uso de la fuerza como mecánicos, cerrajeros, fontaneros, peluqueros, trabajadores de limpieza, etc", afirma el traumatólogo del Hospital Universitario de Fuenlabrada.
La epicondilalgia o epicondilitis lateral afecta a entre el 1% y el 3% de los adultos, sobre todo en individuos con edades comprendidas entre los 35–50 años. "Esta afección dolorosa suele aparecer en el brazo dominante y se asocia a gestos repetidos de extensión de muñeca y/o agarre sostenido (herramientas, ratón, carga manual)", declara el doctor Andrés Vergara, traumatólogo del Hospital Universitario Severo Ochoa.
El tratamiento recomendado para este tipo de dolencias es conservador. "La evolución natural es favorable. En la mayoría de los pacientes la mejora se produce de manera significativa en seis o doce meses; y alcanza el 80-90% los que logran resolver su situación sin cirugía entre uno o dos años. La cirugía se reserva a casos persistentes y muy limitantes tras un programa bien estructurado de rehabilitación durante varios meses", manifiesta Vergara.
Entre los tratamientos conservadores que se recomiendan en un inicio, ya que en muchas ocasiones la dolencia mejora por sí sola, está la implementación de medidas paliativas: cremas antiinflamatorias, frío local, cambio de hábitos deportivos, fortalecimiento de músculos y tendones de la zona y ortesis (codera para epicondilitis), según el doctor Javier Escalera, jefe del Servicio de Traumatología del Hospital Universitario Infanta Sofía. Si, una vez que se han puesto en práctica estas medidas, el paciente sigue manteniendo esa molestia, entonces, "se utilizan otros procedimientos no quirúrgicos: infiltraciones (corticoides y plasma rico en plaquetas), punciones secas, punciones ultrasónicas (TENEX) u ondas de choque", añade el doctor Escalera.
Si el dolor persiste, pese a las intervenciones anteriores, tras seis o 12 meses de tratamiento conservador continuado, se procede a la intervención quirúrgica para "desbridar la porción degenerada del extensor carpi radialis brevis (ECRB) y estimular la curación. Puede hacerse de forma abierta (técnica de Nirschl), artroscópica o percutánea, con resultados globales favorables en series clásicas y comparativas recientes", declara el doctor Vergara. Después de la cirugía es necesaria incorporar una rehabilitación posquirúrgica: "esta suele incluir inmovilización breve, movilidad progresiva y fortalecimiento escalonado. El retorno a la realización de esfuerzos intensos se produce entre los tres y seis meses de la intervención, según técnica y evolución individual", apunta este traumatólogo.
Aunque no existen fórmulas para evitar que este tipo de dolencias se desarrollen, sí se puede reducir el riesgo de padecerlas. El doctor Vergara apunta algunos elementos que se pueden poner en práctica para evitar, en la medida de lo posible, disminuir la posibilidad de aparición:
- Cargas y técnica: progresión gradual de pesos y repeticiones al utilizar los músculos implicados, pausas y alternar tareas; en deporte, revisar técnica y tamaño de empuñadura. Con esto en mente, podemos disminuir el riesgo de situaciones de sobrecarga.
- Condición física específica: se pueden planificar programas regulares de fortalecimiento excéntrico y resistencia de extensores de muñeca y de los estabilizadores proximales del miembro superior. De esta manera, las estructuras serán más resistentes a las situaciones de sobrecarga que se puedan producir.
- Ergonomía laboral: evitar posiciones mantenidas de muñeca en extensión y agarres prolongados; usar ayudas (cincha/soportes) en picos de carga.
- Hábitos y factores generales: dejar de fumar y controlar el peso contribuyen a disminuir el riesgo global de tendinopatías, no únicamente del codo de tenista.
