Así debes comer para frenar el envejecimiento y alargar la vida

La nutrigenética, que estudia las múltiples interacciones entre genes y dieta gana cada vez más peso, ofreciendo respuestas en este ámbito.
Las evidencias científicas cada vez son más numerosas: una adecuada alimentación no solamente forma parte del tratamiento para múltiples enfermedades, sino que juega un papel fundamental en la prevención de las consecuencias negativas del envejecimiento y de una mortalidad precoz.
El doctor Manuel J. Castillo es catedrático de Fisiología Médica en la Facultad de Medicina de la universidad de Granada y presidente del comité científico de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL), "restringir las calorías en torno a un 30%, ha conseguido promover la longevidad y reducir la incidencia de múltiples enfermedades (metabólicas, cardiovasculares, cáncer...) en cuantas especies animales se ha estudiado, incluidas investigaciones en monos"
Varios patrones de alimentación se asocian también a mayor longevidad y menor incidencia de enfermedades. Entre ellos Castillo destaca el que se sigue en Japón. "Otro particularmente beneficioso es el basado en la dieta mediterránea o la alimentación basada en plantas y pobre en alimentos de origen animal y ultraprocesados.
"El mecanismo es multifactorial, destacando la regulación de sistemas que controlan el crecimiento y la supervivencia celular, los mecanismos de reparación, la oxidación y la inflamación", explica.
Pero no debe olvidarse que la predisposición genética juega un papel fundamental. "Los genes cargan el arma, pero es el estilo de vida quien dispara el gatillo", resume. De hecho, cada vez gana más peso la nutrigenética, una disciplina que estudia, como su nombre indica, las múltiples interacciones entre genes y dieta.
"Por ejemplo, si uno tiene una tendencia genética a ahorrar sal, un consumo ni siquiera excesivo de la misma puede provocar hipertensión. Esto no ocurre en una persona que no tenga esa propensión incluso comiendo en mayor cantidad. Lo mismo cabe decir de una persona con tendencia a gastar pocas calorías, que hace que aun comiendo poco se 'ahorre' mucho, acumulando el exceso en forma de grasa. Y no sólo hay que tener en cuenta factores genéticos. sino también epigenéticos. que son la forma en que esos genes, por ejemplo de ahorro, se van a expresar en función de las circunstancias por las que nuestra vida, o la de nuestros antepasados próximos, ha ido pasando", detalla el experto.
¿Debemos comer menos?
Con estas evidencias científicas, la siguiente pregunta que se plantea es si debemos comer menos. Para el doctor Castillo la respuesta es que, "en general, sí. En las sociedades desarrolladas, pero también es el caso de muchas personas en sociedades en vías de desarrollo, se tiene y se favorece la tendencia a comer más de lo que deberíamos, y de algunos nutrientes, como azúcar, sal, proteínas o grasas saturadas, mucho más. Y la razón es porque lo que comemos nos gusta, nos resulta apetecible. De hecho, se preparan los alimentos para que así sea, tanto en el hogar como, y sobre todo, en la preparación industrial, como en el caso de alimentos procesados y ultraprocesados".
A esto debe sumarse que esos alimentos apetecibles "están fácilmente disponibles, con frecuencia en porciones o cantidades excesivas, con un marketing y presentación que invita a su consumo. Esto nos lleva a comer aunque no tengamos hambre. A veces sólo porque están ahí o porque ha llegado la hora de comer".
¿Cómo comer menos? Para el doctor Castillo, la vía más sencilla "es comprar y preparar la comida en la forma que menos nos guste. Suena a ocurrencia, pero es una realidad. El problema está en estar dispuestos a hacerlo en sus tres vertientes: comprarlo, prepararlo y consumirlo. Esto me lleva a ser plenamente consciente del fracaso de mi propuesta. ¿Qué industria alimentaria, supermercado, restaurante o incluso familia, estaría dispuesto a hacerlo? La respuesta es sencilla: ninguna. Hay múltiples estudios que ponen de manifiesto esta relación entre comer menos, longevidad y salud. Si bien es cierto que la relación es compleja".
La última cuestión que se plantea es si hay que prohibir o aumentar las restricciones a los alimentos ultraprocesados e hipercalóricos. Desde su punto de vista, no hay duda. "La respuesta inequívoca es sí, por lo que acabo de comentar. Y, sobre todo, porque la voluntad humana es débil, las tentaciones son muchas y los intereses muy potentes", sentencia.
