Cambiar los horarios de comida podría ayudarte a perder grasa corporal?

24.03.2026

Limitar las horas en las que comemos puede ser tan efectivo (o puede que incluso más útil) como contar calorías

Una nueva ola de estudios científicos sugiere que cambiar los horarios de las comidas, sin modificar necesariamente el contenido de la dieta, puede tener un impacto sorprendente sobre la composición corporal, la salud metabólica y, concretamente, sobre la grasa abdominal. Se trata de dejar de lado las dietas restrictivas y las cuentas interminables de calorías, ya que este podría ser el mejor aliado para adelgazar. Hablamos del "time-restricted eating" (TRE o alimentación restringida en el tiempo), una tendencia cada vez más aplaudida y con resultados robustos.

El TRE, o alimentación con restricción de tiempo, no nos dicta qué comer, sino cuándo. Consiste en limitar la ventana diaria en la que ingerimos alimentos, dejando el resto del día para el ayuno. El protocolo más común es el 16/8: 16 horas de ayuno (incluyendo las horas de sueño) y 8 horas para comer libremente. Existe una variación más realista y flexible (flexTRE) que permite adaptar esa ventana de alimentación a las circunstancias del día a día, siempre que se mantenga dentro de un rango de 8 horas en total.

Una investigación reciente publicada en la revista Nature Communications y liderada por el profesor Stephen Heung-sang Wong, de la Universidad China de Hong Kong, ha sido especialmente reveladora en este sentido. Durante 12 semanas, 104 mujeres de entre 40 y 60 años con sobrepeso u obesidad fueron divididas en cuatro grupos: uno siguió un programa flexTRE, otro hizo solo ejercicio aeróbico moderado, un tercero combinó ambas estrategias (ejercicio y flexTRE) y un cuarto grupo de control no modificó sus hábitos.

Los resultados: el grupo que combinó ambos protocolos perdió de media 2,85 kg de grasa corporal , que representa más del doble que los grupos que hicieron solo dieta o ejercicio. La circunferencia de cintura se redujo hasta 7,5 cm, una mejora significativa considerando que la grasa abdominal está estrechamente relacionada con enfermedades cardiovasculares. También mejoró la sensibilidad a la insulina, al igual que los niveles de leptina, la hormona que regula el apetito.Y lo más interesante es que no hubo necesidad de contar calorías ni de seguir dietas restrictivas.

Este tipo de resultados apunta a una conclusión cada vez más respaldada: al darle al cuerpo más horas de descanso digestivo y alinear las comidas con los ritmos circadianos naturales, se optimiza el metabolismo y se favorece la quema de grasa.

¿Por qué funciona este tratamiento?

El éxito de la alimentación restringida en el tiempo parece estar ligado a varios mecanismos fisiológicos, entre otros, que durante los periodos de ayuno, el cuerpo cambia de usar glucosa como fuente de energía a utilizar grasa almacenada y esto a su vez mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la inflamación y favorece procesos de reparación celular. Además, al reducir la ventana de comida, se reduce de forma indirecta la ingesta calórica total, aunque no se controle conscientemente. También se evita comer en los momentos del día en los que el cuerpo está menos preparado para metabolizar eficientemente los nutrientes, como es por las noches. Y, por último, el hecho de que no requiera contar calorías o pesar alimentos hace que la adherencia al tratamiento sea mucho más sencilla.

Si te estás preguntando qué hacer si no tienes tiempo para hacer ejercio, el estudio también confirmó que la alimentación restringida en el tiempo por sí sola (aunque no hagas deporte), ya produce una reducción significativa de la grasa corporal. Esto es especialmente relevante para personas con agendas apretadas o con movilidad limitada. En cualquier caso, añadir actividad física -aunque sea caminar 30-40 minutos tres veces por semana- potencia sus efectos y ayuda a preservar masa muscular durante la pérdida de grasa.

¿Tiene efectos secundarios?

Lo cierto es que no. Según los datos, hubo algunos síntomas leves, como sensación de hambre o fatiga durante las primeras semanas, pero estos desaparecieron con la adaptación al nuevo ritmo. La adherencia al programa fue alta (entre el 83% y el 89%), lo que demuestra que es una estrategia viable incluso en condiciones de vida real, sin supervisión médica constante. Eso sí, no se recomienda para embarazadas, lactantes o personas con trastornos alimentarios. Como siempre, conviene consultar al médico antes de iniciar cualquier cambio radical en nuestros hábitos alimenticios.

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